LEONARDO RIVADENEIRA
Nos
encontramos en el último lustro de la década dos del siglo XXI, ha pasado más
de un siglo desde que Marcel Duchamp dejó de pintar. Los amantes del arte aún
recuerdan sus obras de gran factura plástica como “Desnudo bajando una
escalera, n.º 2”, pintura que atrapa al espectador por el color, las formas, el
movimiento y la composición, de pronto su mentalidad filosófica cambió y se convirtió
en el referente de que el arte es más que simplemente pintar obras, con ello
impuso sus ready-mades y permitió probablemente la creación del arte conceptual
que tuvo seguidores y se ha convertido en un caballo de batalla de muchos
artistas contemporáneos que durante varias décadas plasman obras sustentándose en
fundamentos aparentemente filosóficos asidos o cogidos de variadas vertientes
tanto del mundo oriental como occidental.
En el libro
el fraude del arte contemporáneo su autor Ramón Álvarez cita a Arthur Danto,
“para ver un objeto como arte se requiere algo que el ojo no puede dar, una
atmósfera de teoría”
Ante esta
realidad y suponiendo que el conceptualismo permanezca muchos años, es
conveniente pensar que esa actitud un tanto filosófica afecta a los que
practican la pintura o escultura tradicional al abandonar el concepto de estética
para ahondar y plasmar obras que tienen un significado para el autor y que no necesita
dominar ni la teoría del color, peor el dibujo, con ello se hace difícil
distinguir el estilo de un artista a pesar de ellos en los concursos habituales
son premiados, hay que seguir profundamente a cada artista para lograr
identificarlo de lo contrario todos son percibidos como creadores con
inquietudes que no significa aporte a la plástica.
No solo
los artistas que van por el concepto se aferran a ello, también algunos curadores
ante esta realidad, ¿el conceptualismo es un adelanto al arte o ha generado
abandono del público a tales planteamientos?
Los museos
y pocas galerías apuestan por ésta realidad en un país donde escasea los fórum al
respecto y unos pocos curadores han sacado ventaja con esta teoría, será difícil ahondar más en esta temática, tomando
en cuenta que ha crecido la burocracia que poco aporta al arte, donde por lo
regular los directores de museo solo son administradores, pero, se creen
dictadores de quién debe exponer, en muchos casos es cuestión de amistad y no
de talento, no es culpa del artista sino de los que están administrando la cosa
pública. Aquí la universidad ha fallado al respecto precisamente por justificar
en papeles sus gastos en apoyo a la comunidad dando a entender que educa y dota
de conocimiento a comunidades que no conocen de arte.